sábado, 12 de marzo de 2016

¡ Eureka !

¡Eureka! gritaba desnudo Arquímedes, corriendo desaforado por las calles de Siracusa. Anunciaba el descubrimiento de la "Corona Dorada" mientras impavidos " ciudadanos" creían estar en presencia de un loco. Esta ciudad siciliana, supo alojar a lo mejor y un poco de lo peor, de los griegos y su cultura, cuando esta isla pertenecía al poder de Atenas. Confieso que tuve esperanza de encontrarlo en alguna de sus callejuelas. Fue imposible. Casi ya no quedan rastros de la cultura griega, tampoco de la egipcia, cartagineses y normandos que supieron dominar esta Isla a travès del tiempo. Sólo quedan rastros en algunos ojos celestes enmarcados en rostros moros. Aquella tarde el sol ardìa sobre la plaza del Domo. Ceca, realmente ceca. No habìa un sòlo arbol. Buscamos refugio en la Iglesia de Santa Lucìa AlaAbadìa, Santa de estas tierras que yace en otra Iglesia de esta misma ciudad. Pensè en la vista, en la visiòn, en lo que veo, enceguecido por el sol branco que saturaba el ambiente. Santa Lucìa dueña de cuanta òptica anda por el mundo. En la Argentina tambièn por supuesto. Sombrillas de papiro para atajar al sol y recorrer la Isola de Ortigia, primer asentamiento de la ciudad de Siracusa. De pronto nos topamos con la fuente ninfa de Aretusa. Una fuenta natural en la convergencia del Rio Alfeo , hijo del Dios Ocèano, quien en su desesperada bùsqueda del amor de Aretusa, se uniò al mar fundidos ambos en esta fuente. Llena de penachos blancos y cisnes blancos. Los penachos de los papiros, los cisnes del lago. El papiro es otra metàfora de Siracusa, Sin importar su origen,, està aquì, convertida en flores blancas de papeles exquisitamente pintado por pintores de tradiciones orientales y escrito por escritores de lenguas árabes. Allí tienen un Museo . El museo del >Papiro. Allí comprè una làmina que aùn flota en algùn lugar de mi biblioteca, lleno de mitos y mitologìas. Lejos ya del Barroco de la Iglesia de Santa Lucìa y sus columnas Corintias, nos detuvimos sorprendidos por un menù de pastas y berengenas ( la melansala por aquì es muy preciada) y por un Carretino siciliano estacionado a la puerta de la tratorìa. Vistoso carro pintado con filetes de colores, como el verdulero de Chivilcoy que llevaba verduras a mi casa cuando era niño. Vistoso el caballo, pensante, meditabundo, con la cabeza gacha llena de penachos de colores esperaba que saliera el carretero. Me causò una linda impresiòn. Luego averiguè que el carretino, aquì, en estas tierras, es un sìmbolo màs de su cultura. Luego fuimos a seguir despertando nuestros sentidos a la Oreja de Dionisio. Bautizado con este nombre por El Caravaggio, que fue quièn le diò este nombre en alusiòn a un Dictador que supo dominar estas tierras, llamado Dionisio, tirano de máxima tiranìa. Usaba esta cueva, cavada en pieda caliza , como depòsito de prisioneros y esclavos, y que por razón de su acústica, le permitìa escuhcar las tramas de los desgraciados, sin ser visto por ellos. Probè la Acústica de la Oreja. Sorprendente. A propòsito de la piedara caliza y la oreja de Dionisio; me diò la explicaciòn del intenso blanco transparente de esta ciudad. Las construcciones lucen la brillantes del blanco calizo de sus piedaras. Sin duda que las ciudades se visten del color de su tierra y de sus piedras.

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